Y de paso…

Esta quiere ser una sección variada, de opiniones y comentarios combinados y diversos, de reflexiones, de ideas sugeridas.

La imagen de portada corresponde a Monte San Lois (Noia, A Coruña, España) Autor: José Manuel Vargas.

Un camino casi sin orillas, sin cercas ni tapias que lo cierren. Una vereda en el monte, en el bosque húmedo, rodeado de espesos helechos, tojales, altos pinos y puede que, aún, algún roble centenario. Y un buen lugar para reflexionar y contar historias, de paso…

LA PARADOJA DEL BICENTENARIO

Llevamos ¿cuántos años?, ¿diez, alguno más, alguno menos? preparando la gran celebración del Bicentenario, del germen de la libertad contemporánea, forjado en Cádiz, en nuestra tierra, hace exactamente doscientos años: Las Cortes de Cádiz, la Constitución de 1812, pionera en nuestra historia, la que llevó a denominar a nuestra capital cuna de las libertades.

En estos últimos años se han creado comisiones, se han programado proyectos, actividades, se han nombrado asesores, comisarios, directores, realizado viajes, convenciones, recepciones. Se han proyectado obras faraónicas, se han encargado y realizado y comenzado y finalizado, iniciado y no terminado de todo: edificios, obras de ingeniería, proyectos más o menos culturales,… y hemos inventado verdaderas fantochadas y ridiculeces amparados en tan sublime celebración.

Hemos pagado, sí hemos pagado entre todos, sueldos desmesurados, obras que acabarán cayéndose porque nunca podrán ser inauguradas, otras que no acabarán, que acabarán quién sabe cuándo o que habrá que retomar algún día, cuando se pueda, si aún se puede para entonces.

Ciudades hermanas se han enemistado por obtener un protagonismo que le corresponde a todo un pueblo y aún ahora, ya entrados en el mismo año de la celebración, seguimos imaginando, recreando, inventando y continuando un dispendio impracticable en estos tiempos.

El verdadero sentido de este bicentenario debiera ser la celebración, cada día, a cada hora de este año y de todos los sucesivos, de nuestras libertades, y todos esos proyectos habrían de ir encaminados a segur disfrutando de ellas y a lograr acrecentarlas.

Un pueblo, como el nuestro que después de tan magno acontecimiento ha ido perdiendo libertades por décadas, por años, por días, que, aunque después vivió hasta cinco más, hubo de esperar 166 años, sí 166, para poder disfrutar de una Constitución estable y duradera como la actual, heredera de aquella, por cierto -porque la primera que ahora celebramos, por desgracia, aún pionera, duró poco y con intermitencias-; un pueblo, como el nuestro, que aún así precisa de una renovación de los derechos existentes, ¿hemos permitido este juego de montajes del que sólo unos pocos se han beneficiado?

Después de lo que se ha venido llamando un estado del bienestar español del que hasta ahora ninguno de nuestros conciudadanos a lo largo de la historia había podido disfrutar, han ido viniendo años malos, tan malos que han desembocado, precisamente en este 2012, fecha de la celebración del famoso Bicentenario de la primera Constitución, en un remate -no sabemos cuántos habrá- de la  llamada “crisis” que ha desatado el miedo generalizado, el desasosiego, la intranquilidad, el nerviosismo, en muchos de nosotros que vemos perder nuestro futuro. Y lo que es peor, el horror, el pánico y el desconcierto en otros muchos de nosotros que han perdido o ven perder su presente, que han perdido trabajo, ilusión y sienten temor por perder incluso familia.

Hemos creado una sociedad en la que la juventud no ve futuro, qué contradicción, una juventud sin futuro -cuando precisamente la una va unida a lo otro, no puede existir la una sin lo otro-, porque la juventud es el futuro, la madurez el presente, quizá, la vejez el pasado, porque ella guarda la memoria. Pues bien, ninguna de estas edades ve asegurado cada uno de sus días.

Pero los actos del Bicentenario son noticia, siguen siendo noticia, y ¿qué mejor celebración de las libertades que conseguir libertades, que disfrutar libertades?

Aquí está la paradoja, en el año de la conmemoración de las libertades, este pueblo, valiente, sufrido, y a veces dormido, estamos perdiendo, y dispuestos a perder, sin remedio, y eso es lo peor, todos los derechos que, con mucho trabajo, con inmensa lucha, hemos conseguido en las últimas décadas. Lo que no tuvieron nuestros padres lo hemos podido disfrutar nosotros pero quizá no puedan nuestros hijos. Y nosotros ¿por cuánto tiempo? Poco ha durado el estado del bienestar del que tanto se habla. Algunos, sin embargo, no lo perderán nunca.

Cuadro de Las Cortes de 1812

Doy por supuesto el interés y hasta la necesidad de la celebración de tan gran acontecimiento en la historia de nuestro país, un símbolo para el mundo hispano, de gran repercusión y difusión en otros países pero, hoy por hoy, ¿estamos en disposición de seguir realizando actividades sin contenido, costosos espectáculos empleando presupuestos en actos, vacíos la mayor de las veces, para celebrar la libertad? ¿Qué libertad, la de 1812? ¿No sería más honesto, más lógico, más racional, más sensato, y más justo celebrar el bicentenario de las libertades con libertades y no con fastos -como en otras épocas de la historia donde se ofrecían fiestas a cambio de pan-?

No sé si estas palabras pueden parecer las de un lunático, una persona extravagante o cuando menos rara. Pero no deja de ser una curiosa paradoja que en el año que venimos considerando como de la libertad, por cuya celebración, durante años, tanto derroche inútil se ha venido y se viene haciendo, sea precisamente el mismo en que se nos corten de cuajo muchas de las libertades que a nosotros y a los que nos precedieron tanto les costó lograr.

No deja de ser una paradoja que en la macro celebración  -ya venida a menos, por cierto y por supuesto- de la autonomía del pueblo, se afiance indecentemente el gobierno de los bancos, de los capitales, de consultoras supranacionales, de los poderes económicos a gran escala, quienes gobiernan a los gobernantes que los ciudadanos han elegido para gobernar.

Absurdo contrasentido, triste disparate, extraña paradoja, con la que perdemos tanto y tantos. Y nadie sabe por cuánto ni hasta cuando.

Un buen conocedor de este momento de la historia de Cádiz, el profesor Ramos Santana (Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz -UCA-) opinaba en una entrevista a Diario de Cádiz publicada el pasado 31 de octubre de 2009, en plena efervescencia de anuncio de fastos e inventos absurdos, que esta celebración debía servir “para difundir los valores cívicos, sociales y políticos de la democracia”. Solo ha pasado algo más de dos años y ya parece tan lejos… Entre otras muchas cosas opinaba lúcidamente: “Defraudaríamos la herencia de los ilustrados de dos siglos atrás, los que propiciaron el cambio de súbditos a ciudadanos, si todo el año 2012 se convirtiese en una fiesta … La clave del Bicentenario es la libertad, y su propósito, difundir y fomentar los valores cívicos, sociales y políticos que residen en la democracia … es el momento de despertar”.

La celebración del Bicentenario, tal y como se presenta, y ojalá me equivoque, no nos va despertar. A ver si por lo menos nos deja la esperanza de salir cuanto antes de la pesadilla en la que nos han metido.

Comentarios a vuela pluma

Rafa G. García

Este pasado verano, Rafa G. García, mi primo, publicaba el libro “Comentarios a vuela pluma”. Se trata de un volumen recopilatorio de ciento veinticinco artículos recogidos en prensa. Breves comentarios que fueron apareciendo semanalmente en La Voz de Galicia, en la sección La Voz del Barbanza, entre los años 2003 y 2005, domingo a domingo. Ellos recogen pensamientos, puntos de vista, sobre la cotidianeidad del lugar donde vive, una especie de crónica comentada de la situación, los sucesos, los acontecimientos, las circunstancias de la pequeña geografía, natural y humana, en la que habita.

Portada del libro

Portada del libro

A algunos de los que acercáis de vez en cuando a la pequeña ventana que es este blog quizá os parezca este un tema excesivamente concreto, localista. Y lo es.  Efectivamente, los temas son todos locales, se refieren a la ciudad del autor del libro y su comarca (en tierras y costas gallegas), pero también es cierto que, a pesar de que la realidad que reflejan algunos de estos pequeños artículos no sea precisamente la nuestra, no difiere mucho de aquella con la que podamos convivir cada uno de nosotros. Como decía entonces, y digo, en las páginas de presentación “todos vemos las realidades extrañas desde fuera, pero también pertenecemos a una propia y vivimos la nuestra, la conocida que, por cierto, no es tan diferente, ni mucho menos: cambia la geografía, cambian los nombres, cambian los temas, la sustancia viene a ser la misma. Convivimos en un país grande en extensión, pero también pequeño. En el territorio que compartimos no varían tanto las circunstancias, sea cual sea la escala, sea cual sea la latitud, porque aunque las denuncias de algunas de estas columnas son muy concretas, muy locales, las realidades que reflejan son semejantes”.

Ahora el autor ha decidido editar el libro digitalmente. Para quien sienta la curiosidad de acercarse a él, aquí está

 http://issuu.com/rafa-garcia/docs/comentarios_a_vuela_pluma

9 respuestas a Y de paso…

  1. Mariola dijo:

    “quienes gobiernan a los gobernantes que los ciudadanos han elegido para gobernar”,
    enhorabuena, ahora toca despertar las conciencias, crear opinión, educar,… gracias Mercedes

  2. Manolo Toribio dijo:

    En lo del Bicentenario hay que ver también lo positivo de las celebraciones.Como el director de la orquesta del Conservatorio es de San fernando, a mí me ha permitido ir a escucharla en un concierto homenaje al Duque de Alburquerque celebrado en el Teatro de las Cortes de San fernando

    • Querido Manolo, muchas gracias por tu comentario. Estoy completamente de acuerdo contigo. En todas las celebraciones hay que ver también lo positivo. Me alegra que tuvieras esa suerte. Lo importante, desde luego, es que tengamos muchas cosas que celebrar. Y ojalá se pueda, porque últimamente las celebraciones parece que no abundan para la mayoría. Un abrazo.

  3. Loly dijo:

    Aunque tarde he visto el comentario de La Constitución del 12, me parece muy lúcido. ¿Cuántos y cuántas delos que participan saben de verdad lo que esto ha supuesto?. Los politicos adornan con estos hechos sus vidas, sus recortes, su debilitamiento de las libertades,con esto no se ven las personas que sufren, que son incomodas. Nunca me gustaron los fastos, lo dejo para alimentar el ego de otros y otras.
    Me gusta la foto de portada, los felgos de mi vida, que anuncian el otoño, esa curva maracada, que va a caer ¿dónde? a un precipicio,esa curva es la curva de mi vida, que nunca se a donde va, pero que me hace esperar con ilusión lo desconocido.

    • Sí, Loly, la foto de portada es un camino curvo, como lo son casi todos, en medio de la espesura, pero que, como tú dices de alguna forma, nos marca por donde transitar, que no es poco ¿verdad?
      La entrada que comentas no la has visto tarde. Está aún de plena vigencia, ya ves. Y supongo que seguirá dando que hablar. A pesar de todos esos azotes que comentas y de todas las pérdidas que estamos padeciendo los fastos no van a desaparecer, lo sabemos. Y con respecto a esta celebración particular me viene a la cabeza unas noticias muy recientes -aparecían en la prensa (Diario de Cádiz) hace escasamente unos días- que se titulaba “El legado del Doce se difumina por culpa de los recortes de la crisis”. Resulta que algunas de las infraestructuras creadas como equipamientos para esta conmemoración -y hablaba solo de la ciudad de Cádiz- no podrán mantenerse y se desmontarán posiblemente cuando acabe el año y que otras ni siquiera han sido finalizadas. Una situación que no parece nueva ¿verdad?, nos suena. La misma noticia se completaba con otra en la que se afirma que en los años anteriores a éste se agotó más de las tres cuartas partes del presupuesto total de la conmemoración. Ya ves, al final, tanto esplendor se acaba apagando.
      Pero supongo que estarás de acuerdo conmigo en que el tema más preocupante es otro, y que éste es solo un ejemplo como tantos.
      Un abrazo.

  4. Rafa dijo:

    Bueno tata he tardado en escribir mi comentario pero así, ahora puedo opinar acerca de mas cosas 🙂 creo que es un blog que promete mucho, cosa que ya podemos ir viendo con las pequeñas aportaciones que has ido haciendo a lo largo de estos días. Creo que esa expectativa que yo al menos tengo se da por muchas cosas, entre ellas por tu habilidad para escribir que es indudable. Espero poder seguir entreteniéndome con las entradas del blog y poder seguir reflexionando acerca de historia, política, literatura.. Enhorabuena por la página y suerte en el camino que viene. Muchas gracias por este trocito de ti.

    Posdata: Las fotos no podían ser mejores, mi enhorabuena al fotógrafo 🙂

    • Muy bien, Rafa. Muchas gracias, corazón. Me alegro que te hayas animado y me parece estupendo que aquellas cosas que ves y lees te hagan pensar. Eso está bien, que te ayuden a razonar y, sobre todo, y lo más importante, que de ello saques tus propias ideas y criterios. Un beso muy fuerte.

  5. Isabel Pérez Sánchez dijo:

    Gracias por el libro “A vuela pluma”. Me ha gustado mucho, y aunque es para leerlo poco a poco e incluso se puede abrir por cualquier página, a mí me ha enganchado el querer saber de qué podría tratar la siguiente página. Qué crónica sería la de ese domingo, cuál sería el tema, la reflexión, el acontecimiento o el suceso…, y casi me lo leí del tirón, por no dejar de sorprenderme. Las pequeñas historias que se cuentan son lejanas y cercanas al mismo tiempo, porque nos recuerdan hechos y situaciones pasadas y las comparamos con nuestras vivencias ocurridas en esos momentos, y cercanas, porque estas crónicas periodísticas de lo cotidiano nos son reconocibles en todos los sitios donde vivamos. Acercarnos estas crónicas ha sido un acierto para hacernos reflexionar sobre el pasado reciente y poder comparar y aprender.
    Del prólogo, agradecerle a tu primo que te que haya elegido para hacerlo a ti, Mercedes. Porque tú sabes de ese sitio, de esos lugares, de esa tierra, de sus gentes. Porque tú estás allí y aquí, porque estás hecha de aquello y de esto. Porque “desde fuera” sabes ver como nadie esas realidades y valorarlas. Porque para ti es, como tú mismo dices: “el sitio al que hay que volver, porque es el sitio del que se viene”. Aunque yo no venga de allí es un sitio donde siempre he querido ir y este libro aún ha hecho mayor ese deseo. Gracias, amiga, por tu dedicatoria.

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