Mira qué te cuento

Esta sección quiere ser un lugar en que dejarse contar cuentos, relatos, pequeñas historias, fábulas, episodios, anécdotas, fantasías. Un lugar desde el que atender las pequeñas y grandes aventuras, donde dejarse acariciar el oído, como el agua a la roca, con susurros o con gritos. Y también iluminar pequeños deseos hasta muy lejos: hasta hacerlos llegar al horizonte: azul, rojo, oscuro, negro y, rojo de nuevo, y claro, del color de las vidas, de las confidencias, las leyendas, los avisos o los secretos.

La imagen de cabecera es Faro y Cabo Vilán (Costa da Morte), en el bonito municipio de Camariñas (A Coruña). Su autor: José Manuel Vargas.

El faro eléctrico más antiguo del país (1896), muy cerca del antiguo que lo precedió, está situado en un hermosísimo paraje rocoso de la costa gallega, y alerta sobre uno de sus tramos más peligrosos y expuestos, y también de los más bellos. Cerca de él, el conocido como “cementerio de los ingleses” así lo confirma, pues acoge los restos de 172 hombres que perecieron a causa de un fuerte temporal en 1890, los tripulantes del navío Serpent.

Cuántas cosas se habrán contado la mar y el faro. Él, cuántas historias habrá visto, cuántas noches su luz habrá lanzado su grito al infinito. Y, desde la mar, cuántas otras le habrán contando sobre peligros, aventuras, confidencias, agradecimientos: historias de temores, de dolores, de nostalgias, de alegrías, esperanzas y supervivencia. Incluso al oído, acercándose a sus tremendos pies hasta romperse en el cabo sobre el que se asienta y del que toma su nombre. El faro mira lo que la mar le cuenta, y ella está, siempre, atenta, a lo que él le dice.

2 respuestas a Mira qué te cuento

  1. Juan José. dijo:

    Cuando fui profe en Tarifa conocí al último farero del pueblo, el marido de una compañera del departamento, Nieves. Ella es una mujer animosa, decidida, creativa, autora de libros sobre la tragedia del Estrecho, de poemas y de documentales que tratan de unir esas dos realidades tan cercanas y lejanas a la vez, la norteafricana y la europea meridional. Él es un hombre apacible y tranquilo. Le di clase a su hijo mayor, Íñigo, del que luego supe que trabajaba en los helicópteros de rescate que patrullan el Estrecho en caso de emergencias. Hace un año o así me enteré de que Íñigo había muerto al caer al mar uno de estos helicópteros. Destino cruel y triste para el hijo de quien se dedicaba a enviar mensajes salvadores a los barcos. Así es la vida de extraña y dura tantas veces.

    • Sí que lo es, Juan José. Para el hijo y para los padres. Gran traición la del destino, y triste y duro el golpe en la vida de estos amigos tuyos. El más duro de todos. Pero cuando de vidas de hombres y mujeres, y de afectos, y dolores y pérdidas, se trata, la tragedia no siempre está fuera. Y aunque nuestra misión sea, como la del farero, estar sobre aviso, ésta no avisa cuando llega, nunca ¿Verdad Juan José? Llegan adentro estas cosas, porque te vencen, y para siempre. Gracias por tu comentario. Y un fuerte abrazo.

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