Las estaciones y sus días

Las cuatro estaciones.

Las cuatro estaciones. Alfons Mucha (1860-1939)

 

INVIERNO

 

Mañana de invierno

(Altiplano de Guadix)

 

Laberinto de zarzas

y de bayas silvestres

en la tierra, a los lados,

debajo de nosotros.

Y en el gran horizonte,

que se nos viene encima,

se apelmaza un inmenso

y espeso mar de nubes.

 

El día se va cubriendo

de negro, ocre, verde,

de blanco y azul límpido:

del cielo que lo cubre,

del aire que lo envuelve.

La escarcha, se aplotrona

en las lindes del camino.

Y, ¡por fín!, el sol fuera,

creando sombras y brillos

en la brisa y la nieve,

desprendiendo destellos,

iluminando el frío

y calentando amable

la luz de la mañana

espesa y blanquecina,

preludio del invierno.

 

Cuando fijo la vista,

de nuevo, en la distancia,

nubes blandas se abren

a un lado del camino,

y otras de nieve, intensas,

siguen al otro lado.

Blanco a un lado.

Al otro, blanco.

 

El invierno domina

esta región, sin tregua.

Descubre tonos nuevos

a la tierra infinita,

recelosa y robusta,

rigurosa y severa,

formalmente vestida

con matices sencillos

y escaso colorido

según fecha y horario:

Resultado perfecto.

Tan sencillo y fulgente,

reluciente a la helada,

el paisaje se impone,

omnipresente y vivo,

si se sabe mirarlo.

 

Territorio cerrado,

reservado y sereno,

universo secreto

de una tierra escondida.

Estepa silenciosa

naciente esta mañana.

Dura, como la vida.

Sobria, como sus gentes.

 

(Diciembre 2011-2015)

 

Escarcha

Campo en invierno. Suelo con escarcha.

 

Hojas heladas

Hojas muertas heladas

 

 

OTOÑO

 Caducidad

 

Las hojas amarillas,

fugaces, de los chopos,

son borrosos recuerdos

de triunfos pasajeros.

Y el aire se las lleva.

Mientras, el tronco gris,

plateado y altivo,

se agarra a lo que tiene:

húmedo y pardo suelo.

Que no es mucho.

(Invierno, 2015)

 

Troncos de chopos

Troncos de chopos en otoño

 

Álamos

Chopos

 

INVIERNO

 

Invierno en Los Ibores

Álamos como postes,

como mástiles

de barcos encallados,

eternamente, ya

naves ancladas

de por vida

a una tierra inhóspita.

 

Álamos desnudos,

de troncos cenicientos,

rugosos y curtidos,

pardos, grises y negros.

Como palos erguidos

que no tuvieran vida,

como viejos y muertos.

 

Mástiles, sí, ordenados

en recta disciplina,

en hilada perfecta,

correcta su parada

en el desfile.

Aguantando serenos,

del año, la intemperie.

 

Mástiles sí, de un barco

encallado en la tierra.

Tensados como cuerdas

de un arpa sin orquesta

y de un tiempo sin horas.

Horizonte infinito

camuflado por álamos.

 

Árboles anunciantes,

pregoneros del agua,

en esta tierra agreste

que cruzamos.

Extremadura, ancha,

Extremadura fría, gris.

Atardecer e invierno.

(los Ibores, Extremadura, 2012-2014)

 

Hilera  de álamos

Troncos de álamos

 

Troncos de chopos

“Chopos en invierno”. Acrílico. Salom.

 


Invierno en la Vega de Granada

Sigo el camino recto,

parece interminable,

frío, largo y seguro.

Nos custodian los bosques

claros, altos y grises,

de álamos lejanos,

ausentes y desnudos.

Tristes, finos, curvados,

como dormidos arcos

de violines del aire.

 

Manchas de líneas puras

que arreciará quizá

el soplo enfurecido

de la tarde,

órgano del invierno

resonando en la vega.

En la atmósfera pura,

compacta, intensa y fuerte.

 

¿Sonarán con el viento?

Ya no lo supe nunca.

El camino me llevó

hacia otra parte,

a escuchar otras músicas

con otros instrumentos.

(Diciembre, 2011)

 

Álamos

Álamos en Invierno.
Álamos pelados-Invierno. Silvia Corvalán.

 

VERANO

 

Junio

Junio se va

dejando tardes tristes

y crepúsculos interminables.

Junio se va,

con sus ocasos largos

de luces engañosas

y nostalgias antiguas.

Junio se va.

 

Habrá para quien ya,

Junio, tal vez, no vuelva.

(Junio, 2012)

 

Atardecer de verano.

Largo atardecer en rosa.

 

Playa al atardecer.

Ocaso de verano.

 

 

VERANO

 

Tardes de verano

Estas tardes

que inician el verano,

tardes que no acaban,

siempre fueron tristes.

( 2013)

 

Paseo por la playa.

“Tarde de verano”. Peder Severin Krøyer (1851-1909).

 

tarde de verano.

Atardecer de verano.

 

 

INVIERNO

 

Invierno

Hacia el invierno,

el día

se vuelve perezoso.

Y se acuesta temprano.

(2014)

 

Faro.

Alumbrando la noche.

 

Bajo la lluvia fuerte.

Corriendo bajo la lluvia (De “El rincón del viejo archivero”).

 

 

PRIMAVERA

 

Lluvia de primavera

Lloraba hoy,

como una niña triste,

la joven primavera.

Y no sé consolarla.

Ni aliviar su sollozo,

ni confortar su llanto.

Lloraba, hoy,

la primavera nueva,

gemía sin enfado,

sin rabia, resignada.

Como una niña triste.

Y no sé consolarla.

Pues no sé si lloraba

de pena, de miedo

o por capricho.

(Marzo, 2014)

 

Lloviendo en primavera

“Lluvia de primavera”, John Sloan (1871-1951)

 

Azotada por el viento

“Azotada por el viento”,
John William Waterhouse, 1849-1917

 

 

PRIMAVERA

Primavera, hoy, y Jueves Santo. Esta noche luce una luna casi llena. El plenilunio coincidía este año con el martes. Pero, con esta inestable estación, muchos fueron, y son,  los días grises, las tardes lluviosas y los aguaceros, intermitentes o no, que sorprenden a tantas madrugadas de pasión. Me viene una a la memoria, una de hace años, ya irrepetible, en la que al olor de la primavera se unía todavía, entonces también, el de algunos hornos de pan. Ese olor, ya casi perdido, que alimentaba el aire de la mañana. Y que constituía un elemento más de tan especial madrugada.

La madrugá

Un olor a pan nuevo

ha inundado la calle,

que reconforta el cuerpo

y entibia un poco el aire.

 

Desde las chimeneas,

el humo se condensa

y, a fundirse entre nubes,

se alza en columna recta.

 

Apaciguando el cielo,

el calor sube espeso.

Se va abriendo camino,

en la humedad de un soplo

con olor a alimento.

 

Madrugada en silencio.

Despiertan el respeto

tan solo los murmullos

de las almas insomnes,

y de los soñolientos.

 

Y los pasos devotos,

de hombres y mujeres,

parecen esperar

una señal, un gesto.

 

Es solo su reflejo

el que se va alargando

mientras los pies arrastran

en el mojado espejo.

 

A lo lejos, los cirios

parecen derretirse

en llamitas pequeñas,

que, el final de la calle,

inundan de misterio.

 

Es primavera ya,

pero la noche es fría.

Ya ha crecido la luna.

Ya se ha hecho redonda

la luz del firmamento.

 

Y alumbrando el fervor,

con llovizna argentada,

alumbra el recorrido.

Decorado perfecto.

 

Viernes y madrugá.

Ronda la devoción,

la costumbre y el rito.

Y la noche no duerme.

 

Sombras y “madrugá”.

Ya el día está en camino.

Callejea la piedad.

Y la noche, no acaba.

(2013)

 

Procesión al amanecer.

Encontrándose con el día. Amanecida aún en la calle.

 

Velas.

La luz de la madrugada.

 

 

INVIERNO

Nuevo Enero

Estaba ayer

llena la luna,

el cielo limpio

como hacía tiempo.

Volvía Enero

con toda su hermosura.

Y apareciste,

siempre fiel,

siempre nuevo.

Llegas con tu luz

blanca, colmado

de intenciones.

No sé si vienes

cargado de esperanza,

o con dolor y olvido.

Intensos ambos.

Intensos. Como siempre.

(Enero, 1997-2014)

 

Luna llena de enero.

Luna de enero. Primera luna del año.

 

Luna llena.

Luna llena de enero.

 

 

PRIMAVERA

Hace hoy exactamente un año, Jose y yo rendíamos nuestro particular homenaje a la primavera, e íbamos a recibirla a Sancti Petri, otro enclave mágico, en el sur. En este momento del año el sol se despide aquí con escolta, a la misma espalda del castillo y flanqueado por dos inmensos guardianes, las torres de la fortaleza. A la entrada del otoño volverá a situarse en el mismo punto pero su luz, ya, será otra.

Ese día, el último fulgor de la tarde fue atrayendo unas nubes que, de color oscuro, se iban dispersando hacia el horizonte, como desflecándose, mientras la humedad de la noche las fue espesando de nuevo hasta envolverlas en algodón. Ya caída la tarde totalmente dimos un paseo por la playa a la vez que se iba instalando la compañía de las gaviotas que, a esa hora, se adueñaban de la orilla antes de su descanso diario. Finalmente, la oscuridad y el frío nos fueron despidiendo. Habíamos ido a ver marchar al sol y ya de vuelta, era la luna la que iba apoderándose poco a poco de la noche mientras nos hacía señas a nosotros, a los faros, que ya llevaban tiempo abiertos, y a las estrellas que empezaban a salir. También las luces daban la bienvenida a la primavera.

Equinoccio

El cielo parece

dibujado a grafito,

con jirones lanosos,

como flecos.

Simula que se abre

en mechones cardados

de vellón oscuro:

pelusas de la tarde.

Y este sol colosal

astro inmenso,

y rotundo,

todavía fuerte,

no pierde su orgullo.

Espesa la luz,

la redondea,

y tiñe de carmín

la capa del aire,

en movimiento tenue,

más denso a cada paso.

Los faros se hacen

señales amistosas

que sosiegan al hombre,

y lo tranquilizan.

Asombradas hoy,

y extrañamente silenciosas,

las gaviotas

se apoderan de la orilla.

Y un abrigo de lana

cubre el agua y la arena.

El mar se calma.

Y la luna se asoma.

Son prendas de gala

para esta primavera.

(Equinoccio de primavera en Sancti Petri,

22 de Marzo de 2013)

Acuarela de cielo

Cielo al atardecer. Acuarela. María José Molina.

 

Atardecer en Sancti Petri

Puesta de sol en Sancti Petrii. http://www.chiclana.es.

PRIMAVERA

Primavera

Llama, el olor

del azahar

a la puerta de mi casa.

¡Es primavera!

(20 de Marzo, 2014. Hoy, Equinoccio de Primavera)

Azahar.

Azahar. Anunciando Primavera.

OTOÑO

Hojas

Chisporrotean las hojas

bajo los pies pesados

camino del invierno.

Que son ya un fuego frío,

un mar hecho pedazos,

laguna grande y seca,

de virutas muertas.

Hoguera que no templa.

Y entre pasos cansados

crepitan cadenciosas

las huidizas reliquias,

los restos del paisaje.

Bajo el paso cansado.

Camino del invierno.

(Febrero, 2014)

Bosque en otoño

El suelo del otoño. Bosque cubierto de hojas. Gorbea. Mikel Lastra.

Cielo azul

Hay un cielo tan limpio

que no parece otoño.

Y hoy el día me recuerda

a los bellos de enero:

despejados y hermosos,

nuevos, claros, radiantes,

risueños, del invierno.

(noviembre, 2013)

Cielo azul, de Kandinsky

“Cielo azul”, Wassily Kandinsky, 1940.

Para facilitar el acceso a las nuevas entradas, a partir de ahora las iremos incluyendo al inicio de cada página, y no al final como se venía haciendo.

INVIERNO

Bienvenido

Bienvenido, también,

el Invierno.

(21 de diciembre de 2013)

Jardín en inverno

El jardín en invierno

VERANO

Crepúsculo de junio

Siempre

me parecieron tristes

estas tardes  de junio,

pero estas,

se me han hecho

tristes eternamente.

Campa la pena sola

entre otras soledades,

apagando

sus tórridos días

y haciendo

aún más intensos

sus ausentes crepúsculos,

húmedos de dolor

y violetas de frío.

Campo de lavanda al atardecer.

Atardecer violeta. Campo de lavanda a la puesta del sol.

OTOÑO

Este mes de diciembre parece decirle adiós al otoño que se va. Las mañanas se van haciendo más luminosas, el frío parece intensificarse y las tardes se agotan prematuramente dando paso a noches claras limpias. El invierno se acerca y la luz comenzará a crecer en pocas semanas. Pero todavía, en estos primeros días de diciembre, aunque el otoño vaya perdiendo su nombre propio, sigue dejando una estela de luces que nos recuerda que aún está presente: luces doradas, algo tenues, que suavizan la nostalgia de la despedida, con su carácter más propio.

Luces de otoño

Esas luces cobrizas

que pintan el otoño,

que calientan discretas

y que la tarde adornan.

Esas luces cobrizas

de reflejos dorados,

que pasan como un velo,

que los recuerdos tapa

y la nostalgia envuelve,

para que no se enfríen,

para que no se vaya.

Y que cubre los sueños

para que no se hielen,

para que no se pierdan

en la noche de plata.

Esas cálidas luces

que suavizan el frío

y la humedad empapan.

Esas doradas luces

que arropan la memoria.

Esas templadas luces

del color del consuelo.

Cuando llega la tarde,

cuando el otoño viene,

llaman a nuestra puerta

ofreciendo quimeras.

Esas luces cobrizas

generosas y cómplices,

delicadas y amables,

son nuestras confidentes,

guardan nuestros secretos.

Son ya luces amigas.

(Noviembre, 2013)

Paisaje otoñal. Van Gogh

Sauces sin hojas con puesta de sol. Vincent Van Gogh, 1888.

Luz otoñal.

Luz otoñal.

PRIMAVERA

Con la primavera la Naturaleza parece despertar, el manto vegetal se renueva y los árboles comienzan a florecer para dar sus frutos pasados unos meses. En el interior de las bodegas de esta zona, se produce también el fortalecimiento, el rebrote de una flor especial, la denominada “flor del vino” o también “velo de flor”. Dicen los entendidos que en realidad se trata de una levadura que crece hasta formar un manto sobre el vino en el interior de las botas y que se encarga de aportarle los nutrientes para su esmerada crianza. Su renacimiento y mayor desarrollo en primavera le ofrecen este característico y hermoso nombre. Como en tantos ámbitos, también en éste despierta y cobra vida aquello que el invierno apagó y dejó dormido. Unas condiciones ambientales muy particulares y la sabiduría y cuidadoso trabajo del hombre ayudarán también a hacer posible un producto singular y único, el Vino Fino, característico de la tierra que piso. Y la mejor manera de rendirle homenaje es, sin duda, en un catavino, dejándolo pasar desde el velo de flor hasta el velo del paladar.

Interior de bodega. El Puerto de Santa María

Interior de bodega. El Puerto de Santa María.     Marco del Jerez

Vino Fino

En la quietud serena de encanecidas botas

mecido por la brisa del aire marinero,

el vino crece, y logra sobresalientes notas

y queda convertido en Fino caballero.

Y en la alianza ancha del vientre de la copa

se casa con la luz, y se vuelve de oro,

y el aroma ascendente del líquido tesoro,

alcanza su sentido al llegar a la boca.

Lo fecunda una tierra más blanca que la espuma,

lo crían en un vientre oscuro y placentero,

y acunan nanas de hombres tan sabios como fuertes.

Lo miman y consienten con calor, con ternura,

hasta que se convierte en Fino caballero

y logra ser perfecto cuando encuentra la muerte.

 

Botas en andanas. Bodegas Osborne

Botas en andanas. Bodegas Osborne.  El Puerto de Santa María.

 

OTOÑO

Es otoño.

En el norte

dan su fruto los castaños,

altos y fuertes.

Con toda la gama,

de los verdes y los ocres

van perdiendo sus hojas,

y caen, por su peso,

los repletos erizos.

Es otoño,

en otras latitudes

el bosque se alfombra de níscalos,

llueve y llegan, suaves,

los primeros fríos.

En el sur, donde yo vivo,

se van haciendo frías las noches,

la madrugada despierta

con un hilo de viento,

que anima a abrigarse

y tapar el sueño.

El mar ronca

algo más que de costumbre.

Los atardeceres se vuelven

violetas y rojos.

Las estrellas parecen

cubrirse de rocío.

Y yo, sigo esperando,

como siempre.

(29 de septiembre, 1999)

Marisma en otoño. Parque de los Toruños. Foto JMV

Otoño en el Parque Natural de los Toruños. Foto JMV

OTOÑO

Esos días del otoño

Hay días de otoño

en que bastaría cerrar los ojos

para que la tierra

nos hiciera un hueco a nuestra medida

y nos recogiera eternamente.

Días, en que las nubes llorarían

silenciosas y lentas, y oscuras,

para despedirnos.

Hay días de otoño

en los que esperamos

una sola palabra de ternura

para no morir.

Hay días de otoño,

en que a pesar de los primeros fríos,

de las cadenciosas hojas

y los ocasos violetas,

a pesar de las mañanas soleadas

y de las tardes lluviosas,

del arrullo ronco del mar

y de toda la belleza

que puede caber en el mundo,

nos sentimos demasiados solos

para no morir.

(1999)

Camino en otoño. Foto JMV

Camino en otoño. Foto JMV

OTOÑO

Con el mar por delante

Hay días de esos,

bien entrado el otoño,

en que todo parece

que se desvanece.

Y nos gustaría estar

detrás de una ventana,

consolados, y al abrigo

de la lluvia fina.

Con el mar por delante.

Atrayendo recuerdos,

estirando la memoria

concibiendo sueños.

(Octubre, 2013)

El mar por delante

Con el mar por delante. Fuente del Gallo (Conil, Cadiz) JMV

OTOÑO

Tarde de lluvia

La tarde se ha enredado

en una lluvia fina

que oculta, como un velo,

todo lo de delante.

La vida que nos ciñe,

el aire que nos cubre.

Ha llegado el otoño

cargando con su peso

hasta nublar el aire,

y envolver la existencia

que, alrededor, se espesa.

La hora se confunde

y lenta nos abstrae.

Y pasa ensimismada,

y distraída avanza.

Va hacia la oscuridad,

como todos los días.

Se ha enredado la tarde

exprimiendo, con pausa,

este zumo menudo

de las nubes que bajan

como tul, como gasa,

a tapar nuestros ojos,

a empapar nuestras ansias.

Ha llegado el otoño,

nos hechiza y ensueña.

Como él solo sabe.

Nos seduce, nos rinde,

nos absorbe y apaga.

Nos envuelve en nostalgia.

(Septiembre-Octubre, 2013)

Tarde lluviosa

Lluvia en la tarde

OTOÑO

Tiempo de ausencias

Los ocasos tan rojos

y el crujir de las hojas,

y el runrún de las ramas

y el viento que no cesa.

Las mañanas plomizas

y el mar que se oscurece

y las noches, que visten

con tules a la luna.

La humedad en el aire

y la tierra mojada.

Y la lluvia menuda

calando los recuerdos.

Y la luz que se encubre,

disimula, y esconde

resplandores pasados.

Los días que se acortan

y el frío que se acerca.

Es el tiempo de otoño.

Es momento de ausencias.

(Octubre de 2013)

Paseo en otoño.

Tarde de otoño. El paseo espera.

OTOÑO

Días de otoño

Hay días de otoño

que quisiera morirme.

Quedarme para siempre

con la lluvia mansa,

con los días grises.

Quedarme con las mañanas

opacas de neblina,

de niebla adormiladas.

Y con las luces tibias

de los días que se acortan,

con las tardes plomizas,

con el viento ronco.

Hay días de otoño, sí,

que quisiera morirme.

Aguantar con el verde

que se pega a los muros

de mi pequeño patio.

Quedarme con el oro

de las hojas que, tristes,

se humillan y desprenden.

Que se vuelven de cuero,

de papel, y se quiebran,

-son fino y seco olvido-,

bajo los pies de los niños.

Quedarme con el color

del bosque de castaños,

amarillo, ocre, rojo,

gris y pardo, sombrío,

mientras tiñen el suelo

los sollozos del bosque.

Y cobijarme,

perezosa y serena,

en la bóveda del monte.

Quedarme, también,

con el rugido,

ya lejano y profundo,

de la mar, en la tarde.

Y con ese olor a menta,

de lluvia, en el ambiente.

Y con un manto de nubes,

apretadas y espesas,

sobre mi cabeza

soñolienta.

Sí, hay días de otoño

que quisiera morirme.

Imaginar el tiempo

fuera de mi casa,

de mi casa lejos.

Conservar su sonido

y su olor, y sus tonos.

Y dejar que me envuelva

su consuelo tibio.

Y despedirme para siempre.

Abrazar los recuerdos

para que no se vayan,

aunque se confundan,

inevitablemente.

Y vestirme de lana,

cálida y confortable,

para no pasar frío

allí a donde vaya.

Porque hay días de otoño

que quisiera morirme.

Rendirme por un tiempo,

reposar un momento.

Y pararme

a ver llegar, de nuevo,

el otoño que viene.

(2012-2013)

Bosque en otoño

Bosque de castaños en otoño. Valle del Genal (Málaga). Foto JMV.

Verano

En un día como hoy, en el que parece que, por fin, el Otoño se ha dejado ver, incluyo esta entrada con título de reciente pasado.

Tarde de verano

Nada puebla el paisaje,

si acaso, un garabato

de aves danzarinas

que acaban por perderse

en el cielo azulado.

Armoniosa bandada

de musicales notas

que trepan a la altura.

Y se lanzan, en grupo,

del trampolín del aire.

(3 de julio de 2013)

Pájaros volando

Pájaros en el cielo despejado de la tarde de verano.

Notas musicales

Pentagramas y notas musicales que danzan, como aves, en su cielo propio.

Verano

La noche

Se iba viniendo

la noche con ganas.

Era una tarde

de un presentido otoño,

de final del verano

todavía, ya muy malva.

Tarde que ya avanzaba

el fresco y el retiro.

De esas que anuncian

el frío y la helada.

Que adelantan la noche,

que invitan a taparse.

De las que a mí me gustan.

Que siempre me gustaron.

Sí, era aquella, una hora,

morada y acuosa.

Presagiaba el invierno,

lejano todavía, pero seguro.

La luz, crepuscular,

se despedía con urgencia.

Tenían prisa las sombras

por caernos encima.

La noche nos buscaba.

Y, sin temor ni miedo,

nos fuimos a su encuentro.

Y ella nos fue abrigando

con su mano escondida,

con sus dedos inciertos,

oscuros y confusos,

inseguros y espesos.

Tiernos para nosostros,

nobles y generosos,

lo fueron aquel día.

Blandos, dulces y tibios

se abrían para arroparnos.

Y extendía, prtotectores,

sus brazos azulados.

Deseaba recogernos,

y adelantar el sueño

que ya nos esperaba.

Un poco más adelante.

A cierta distancia.

Algo más tarde.

A lo lejos.

(2012-2013)

Atardecer en Caños de Meca

Atardecer en la Playa de la Cortina. Caños de Meca (Cádiz). Foto JMV

OTOÑO

Vuelve el otoño

Una ráfaga fresca,

una hoja que vuela,

una nube más gris,

una niebla que empapa.

Una tarde con prisa,

una hora mojada

que invita a confidencias.

Una luz que se encoge,

un sol que se acobarda,

un cielo que amedrenta,

una noche más larga.

Un aire que humedece

la tierra y los sentidos.

Un recuerdo que pasa.

El otoño, que vuelve.

(septiembre, 2013)

Amanecer en otoño pintura

Amanecer con niebla en otoño. Lucia Buttazzoni.

VERANO

Prematuro otoño

Hoy, la luz del otoño,

se ha colado en la tarde,

ha rociado la hora

de humedad y relente,

ha vestido el momento

de una sombra violeta.

Y un prematuro otoño

se ha asomado a este agosto

(Agosto de 2013)

Nenúfares, Monet.

Nenúfares, Claude Monet, 1919.

4 respuestas a Las estaciones y sus días

  1. Enrique dijo:

    Hace poco que ha llegado, pero, en efecto, ya están aquí “esos días de otoño”. Tal y como aparecen en tus versos y acompañados de esos sentimientos que tan bien reflejas y de otros parecidos…
    No deja de sorprenderme que cada año, aunque lo sepamos y estemos avisados, inevitablemente en sólo unos días afecte tanto a nuestro estado de ánimo y sea capaz de provocar toda esa gama se sensaciones. Verme identifificado en tus poemas ha hecho que me sienta menos solo y extraño “estos días de otoño”. Gracias y besos.

    • En efecto, llegada la fecha, el otoño aparece, Enrique. A veces parece que no llega, que el verano le corta el paso, pero no es así, la experiencia nos dice que viene. Y cuando llegan esas primeras nieblas, esas luces más difusas y filtradas y una primera lluvia, somos otros. Al menos, algunos, somos otros. Porque esta estación tiene la cualidad de cargar en su equipaje con toda nuestra vida y cuando llega a su estación abre sus maletas delante de nosotros, que lo estábamos esperando. Así que ni eres extraño ni estás solo, porque estos sentimientos son universales. Y porque, además, aquí estamos también nosotros. También en otoño. Ya lo sabes. Un beso.

  2. Enrique Pérez dijo:

    Como ya hemos comentado en varias ocasiones, es inevitable que el otoño despierte esa serie de sentimientos y sensaciones de melancolía y nostalgia, incluso tristeza. Pero también hay que intentar percibir y disfrutar todo lo que tiene de belleza y encanto, que lo tiene y mucho. Sin duda, tus acertadas palabras y las espléndidas imágenes con que las ilustras, ayudan mucho. Besos

    • Todos esos sentimientos que provoca el otoño, Enrique, no son malos. Es bueno aislarse a veces en la nostalgia, saborear las añoranzas es también reconfortante. En definitiva, estar con uno mismo. Sin duda, las condiciones de esta estación: luces especiales, primeros fríos, primeras lluvias, cierto recogimiento tras el verano. Y además, yo creo que el cuerpo se prepara en cierta forma para el invierno, se recoge y, por lo tanto, los sentimientos también. A mi, particularmente, y lo sabes, el otoño me gusta, por eso me resultará tan atrayente, supongo. Un Beso.

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