Casiopea

Casiopea.

Constelación de Casiopea. Grabado.

Estrellas

Te busco en las estrellas

y, cuando llega enero,

me canso de mirar la noche infinita,

por si estuvieras.

(1999)

Via Láctea

Cielo nocturno, estrellas y Vía Láctea

Noche estrellada

“Noche estrellada sobre el Ródano”, Vincent van Gogh,
1888. Musée d’Orsay

 

Por el aire

 

Fun á taberna do meu compadre,


fun polo vento e vin polo aire:


e como é cousa de encantamento


fun polo aire e vin polo vento.

(Canción popular gallega)

 

Fui con el viento

y volví con el aire,

y en uno de los dos

me tropecé contigo.

Te encontré sin querer,

colgado del tiempo,

esperando mi vuelo

para presentarte.

Me tomaste las manos

para que no cayera,

para que no quedara

suspendida para siempre.

Me bajaste a tu mundo

e hiciste un mundo mío,

un mundo a mi medida

donde poner los pies,

donde apoyarme

y mirarte de cerca,

ya sin miedo.

Fui por el viento

y volví por el aire.

Y mientras volaba,

sin saber adónde,

me encontré contigo.

Me encontraste.

(Primavera, 2000)

Globos.

Globos. Navegando en el aire.

 

El Cumpleaños, de Chagall.

“El cumpleaños”. Marc Chagall, 1915. (Museo de Arte Moderno, Nueva York)

 

Casiopea

Si Constelaciones es un rincón, propio, lírico, Casiopea es su recodo más íntimo, más hondo. Casiopea es el recóndito espacio de la evocación. A veces, tal vez lo sea de la añoranza, otras, de anhelos y aspiraciones. Siempre, de emociones. Y puede que, alguna vez, hasta de pequeños secretos.

Piedras en  Praia y Castro de Baroña , detalle (Porto do Son,  A Coruña) Autor: José Manuel Vargas. Una pequeña piedra, casi esférica, casi perfecta -modelada por el agua, por el viento, por los años-, de las muchas piedras que conforman Baroña y su espectacular paisaje. Piedras -desordenadas y dispuestas por la naturaleza-, que conducen al castro, y piedras colocadas, ordenadamente, por los hombres que lo formaron. Y también piedras alejadas, en la playa de Area Longa, donde el viento y las olas no descansan. Y, donde, por cierto más de un visitante, amontonándolas en difícil equilibrio, construye su propia y perecedera pequeña obra de arte o, tal vez, el particular y minúsculo milladoiro de una peregrinación personal. Ésta, es una piedra entre piedras como una estrella en el cielo, como un pequeño reflejo, uno más, dentro de una constelación. En Barbanza, Porto do Son, cerca de Noia, en la misma orilla donde la ría ya se vuelve  mar, se levanta, como un cíclope con docenas de ojos, redondos y tapiados, el Castro de Baroña. Situado en una pequeña y rocosa península, sobre el infranqueable mar, muy probablemente tuvo carácter defensivo. Así lo atestiguan su correspondiente foso y varias líneas de muralla, que quizá lo rodearan por completo. El poblado debió tener una veintena de viviendas ovales y circulares, con una protectora plaza y fogones, quizá para forja (pues, además de labores en piedra y tejido han aparecido restos de metalurgia).

Vista del castro

Castro de Baroña

Al castro se accede, desde el pequeño istmo que lo separa de tierra firme,  por una rampa, y a la zona habitada se asciende por unas bien conservadas escaleras. Con una vigencia entre el siglo I a. C y el I d. C, en que probablemente fue romanizado, no fue descubierto hasta 1933, y consolidado ya en 1984. La ubicación de este primitivo poblado  -flanqueado por la hermosa y sugestiva playa de Area Longa  y escoltado por un más inmenso mar- lo convierte en un lugar tan mágico como grandioso. Su elevación sobre la ría, nos lo descubre aún más impresionante. Merece la pena atravesar a pie los metros de monte que lo separan de la carretera de acceso. Todo el camino es un espectáculo, pero cuando se nos aparece a la vista resulta verdaderamente majestuoso. Cualquier hora es buena para llegar hasta los pies del poblado y la playa, pero si nos acercamos al atardecer, cuando las oscuras luces rojizas del ocaso entornan ya, como ojos, los círculos entreabiertos de sus antiguas cabañas, entonces, la imagen se vuelve indefinible. El baño del decadente sol sobre el paisaje y la caduca arquitectura, hechiza al visitante, agranda el misterio.

2 respuestas a Casiopea

  1. Pingback: Me lo debía | micajondepalabras

  2. Arriba publico un comentario en el que nos adelantan la dirección y creación de un nuevo blog, por si lo queréis consultar. Saludos.

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