Constelaciones

Este es el sereno, o quizá no tanto, rincón de las creaciones propias, íntimas literarias. Preferentemente poéticas, líricas.
Un refugio, al abrigo, para la memoria, las fantasías, los deseos, los sueños, como el manso estuario, resguardado y profundo, de la ría. Como el puente que lo salta, y que no vemos. Para los recónditos recuerdos de tiempos más y menos felices de la memoria.
Y para creaciones y recreaciones de mundos vividos, pasados, esperados, soñados, deseados, inventados, ansiados, recordados, perseguidos, imaginados,… también, algunos, ya, casi olvidados.

La imagen de cabecera corresponde a A Ponte Nafonso, (Noia, A Coruña). Autor: José Manuel Vargas. Aunque el nombre del lugar se debe al puente, la imagen representa el interior sereno y protegido de la ría que atraviesa.

Este bello puente, tiene 270 m y veinte arcos, aunque en su origen tenía veintisiete. Los datos discrepan sobre su construcción en el siglo IX, por Alfonso II (de ahí su nombre) o en el siglo XIV, por un maestro cantero llamado Alfonso. Probablemente existieron los dos y el segundo sustituyó al primero.
Salva el delta del río Tambre, allí donde el río se vuelve estuario, y de ahí, ría, la de Muros y Noia. Separa, o une, los municipios de Noia y Outes (A Serra de Outes, denominada en las cercanías A Serra, así como este lugar es también se conoce como A Ponte).
De cualquier forma, sea cual sea la antigüedad del mismo, en el año 1844 fue reformado para ensancharlo, de manera que, a partir de entonces, presenta dos partes diferenciadas: la principal, con dieciséis arcos y la añadida, que intercala arcos y muros. Actualmente está muy restaurado y resulta difícil imaginarlo en su estado primitivo.
Como en otras muchas construcciones gallegas, este puente tiene su propia leyenda que se relaciona con un quiebro en su luz, en uno de los extremos, y con la prematura muerte de su autor, que no pudo ver finalizada su obra. De ella surgió una copla popular:
“Adeus ti, Ponte Nafonso,                “Adiós tú, Puente Nafonso,
non sei quen te acabará,                   no sé quien te acabará,
trinta anos me levaches,                   me llevaste treinta años,
flor da miña mocedá.”                       la flor de mi juventud”
Mi padre, que lo había atravesado muchas veces, me contaba su propia versión, oída durante su infancia: la historia de un cantero que construyó el puente él solo y que se llamaba Alonso -de ahí su nombre, pues en aquellos años era llamado Puente de don Alonso-. Y que, por tal motivo, tardó tanto en hacerlo, que empleó toda su vida y, aun así, no pudo verlo terminado. Él me aseguraba que la copla estaba grabada en el último de los sillares que el cantero colocó en su obra única. Sea o no la verdadera, esta es la historia con la que me quedo.

Imagen da Ponte Nafonso

Vista general del puente

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